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Oberti: “Hay injusticias que persisten y entonces los espantos están ahí siempre presentes”

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Entrevista a Alejandra Oberti*

Por Andrea Sosa Alfonzo| Fotos: Gala Abramovich, Colectivo RABIA, Lina Etchesuri

 

¿Cómo vinculás democracia, género, memoria y política?

-Tanto el movimiento de derechos humanos como el movimiento feminista tienen una historia bifurcada en el caso argentino. El movimiento feminista empieza en los años 70´s pero es rápidamente truncado por la dictadura y no llega a constituirse como un movimiento. Lo que sí sucedió es que existieron muchas agrupaciones y grupos que hicieron manifestaciones, elaboraron volantes, publicaron e hicieron traducciones. Es decir, hubo un movimiento feminista activo y corto en el tiempo. Por otro lado, existe la nueva izquierda que se plantea los cambios revolucionarios en la sociedad. El encuentro no se produce más allá de cuestiones muy puntuales, no es un encuentro activo. Muchas mujeres en esos años eligen más que al movimiento feminista a las organizaciones de la nueva izquierda como un lugar desde dónde pensarse a sí mismas desde otra perspectiva.  Si bien la nueva izquierda no tiene una perspectiva de género y no piensa la participación de las mujeres como parte de un proceso de liberación, más allá de eso, encuentran en estas organizaciones un lugar donde producir los cambios que quieren. Luego, durante la dictadura el movimiento feminista es pequeño, por lo menos en la esfera pública. Sin embargo, las mujeres continúan reuniéndose y haciendo talleres, llevando adelante una política cultural con formación. Al mismo tiempo, se va gestando el movimiento de derechos humanos donde su preocupación es la desaparición de personas y la presión política.

 

 

Muchas mujeres de la nueva izquierda y de la izquierda, se exilian y allí toman contacto con el feminismo. Estando lejos se encuentran en países donde aquel proceso que en los 70 era más incipiente en nuestro continente, en Europa ,en cambio, continuó desarrollándose muy activamente.  Tras la recuperación del orden constitucional, todos estos actores se encuentran nuevamente. El movimiento de derechos humanos empieza a ampliar sus horizontes y el movimiento de mujeres vuelve a tomar una forma interesante en la esfera pública. De hecho, el 8 de marzo de 1984 hay una marcha inmensa en Buenos Aires. En este punto también nos encontramos con encuentros y desencuentros. No siempre hablaban en el mismo registro estos movimientos.

¿Y cómo se producen estos diálogos en los últimos años?

-Precisamente hay un acercamiento más fuerte con la reapertura de los juicios y la persistencia en el presente de desigualdades, opresiones y violencias múltiples. Podríamos decir que en los últimos diez años comienza a suceder un encuentro en términos de estéticas y formas desde lo político cultural.

Esto es, el feminismo comienza a tomar ritmos, tiempos y las formas del movimiento de DD.HH y éste empieza a reconocerse también en una profunda feminización de ese movimiento.

Es en estos últimos tiempos donde existe una frase como la de Nora Cortiñas: “Ahora que me reconozco como feminista todo es mucho más fácil”.  Hay un acercamiento virtuoso entre ambos movimientos y tiene como eje principal, el movimiento anti violencia. Ni Una Menos es una expresión más que se masificó por el contexto actual y por su impronta comunicacional, pero el movimiento anti violencia hacia las mujeres está presente al menos en nuestro país desde los 80. Y desde ahí el acercamiento al movimiento de DD.HH es interesante.

 

Lina Etchesuri

 

¿Cuál es el impacto en el presente de ese territorio que creemos ganado como sociedad en términos de recuperación histórica de la memoria y la verdad?

-Hay una frase de Antonio Gramsci que me gusta mucho y es la inteligencia es pesimista pero la voluntad política tiene que tener un cierto optimismo. Desde una mirada objetiva de este proceso, mientras existan desigualdades, injusticia y el capitalismo con una sociedad dividida es muy poco el terreno que se puede ganar. Hay injusticias que persisten y entonces los espantos están ahí siempre presentes. Lo que nos está sucediendo ahora como sociedad nos muestra que tanto no habíamos ganado. Y lo menciono con todo el reconocimiento del proceso y de lo mucho que sucedió. Entonces, desde este optimismo de la voluntad lo que tenemos que decir es, Ni un paso atrás y reivindicar una plataforma de la cual no nos podemos bajar de lo que se obtuvo hasta ahora en términos de justicia.

 

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Vos trabajás específicamente la relación entre relato, memoria y subjetividad….

-Existe el poder del relato para construir y sostener subjetividad, pero también hay un carácter no esencial de ese poder. Prefiero postular el relato como el lugar donde lo social se enlaza con lo subjetivo y en la capacidad de nadar o no, como un arte, en el sentido de un artificio en el cual intervienen elementos personales pero sobre todo sociales, comunitarios, afectivos e institucionales. Pienso en los relatos del sufrimiento humano y que son vulnerables porque son dependientes de otros que los acogen, que les hacen un lugar, entonces funcionan como condición de existencia necesarias pero no son suficientes para nadar en las aguas turbulentas de las violencias en las que vivimos.

El testimonio, específicamente, es una forma política privilegiada de elaboración de memoria cuya cualidad polifónica enuncia performativamente tanto la experiencia individual como su raíz colectiva, anuda el tiempo histórico y el tiempo subjetivo de la experiencia, e impide una cristalización reflexiva de los relatos y representaciones a la vez que expone su disposición de transmisión intergeneracional y supone o requiere una apertura a la escucha.

 

*Alejandra Oberti. (IDES- UBA). Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se especializa en estudios de género, teoría social contemporánea y estudios sobre el pasado reciente argentino. Profesora de grado y posgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Desde el año 2005, es Coordinadora del Archivo Oral de Memoria Abierta. Es autora de libros y artículos e integrante de grupos de investigación referidos al pasado reciente argentino.

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